Para mí el parto ha sido el momento de consciencia entre lo divino y lo terrenal, de que eres expansión y extensión del TODO, de que estamos conectados unos a otros, de que nos nutrimos unos a otros y a su vez a la existencia. Justo en el momento en el que el nuevo ser deja tu cuerpo para que el mundo abrace por fin el suyo, muere la mujer que fuiste antes de que él, ella o ellos llegarán al mundo y junto con ellos nace también una nueva mujer, dadora y cuidadora de vida. La magia te abraza, el dolor no es nada en comparación de la satisfacción que te invade al tacto con su preciosa y delicada piel, cuando lo tomas por vez primera fuera de ti, cuando sus pequeños labios se posan en tu pecho para seguirse nutriendo, para confirmar el lazo irrepetible que los une para la eternidad. Ser madre es por tanto el evento más contundente de mi vida entera, incomparable. Soy el jardín donde florecen nuevos universos colmados de belleza, inteligencia y presencia Divina, sin duda eso somos. ...